SIMONE


Primer Acto.

MUJER – HOMENAJE

8 de marzo Día internacional de la Mujer

Biología sin destino; la mujer no nace, sino que se hace.

Mientras miro atrás y veo a esa criatura adolescente, me asombra ver como fui estafada. A la larga, todo cuanto uno creyó ser, en verdad fue un mero existir. El interlocutor de los intelectuales son las masas, y no el entablishment.

Sufrir las contradicciones del mundo no sirve de nada, pero olvidarlas es mentirse. Las palabras, universales, eternas, presencia de todos en cada uno son lo único trascendente que reconozco y me emociona; vibran en mi boca y mediante ellas comulgo con la humanidad.

Un día me dije:"Tengo cuarenta años". Cuando desperté de esa perplejidad, tenía cincuenta. El estupor que entonces se adueñó de mi todavía no se ha disipado.

La entrada de la casa de mi niñez estaba ubicada entre los cafés "La Rotonde" y "Parnasse". “La Rotonde” se llenaba desde las diez de la mañana con gente que tomaba parada o sentada. Escuchaban jazz, la "música negra" tocada al piano. Ahí se emborrachaba Modigliani, que vendía sus cuadros por monedas.

Mis padres formaban una curiosa pareja.

Papá, un parisino cosmopolita, estaba tan convencido de su superioridad con respecto al mundo, de su refinamiento y de sus dotes espirituales que no emprendió ninguna tarea que le haya dado dinero. -La nobleza es un rasgo espiritual. Una mujer es lo que su marido hace de ella- decía.

Mamá, una católica devota, de provincia, se casó con mi encantador padre, siendo una bella heredera, pero sus padres (mis abuelos) no recibieron la dote prometida. Mi abuelo se fue a la quiebra y a la cárcel tiempo después de su casamiento. Entonces los sueños de papá se hicieron humo porque se había casado con mamá para darse la gran vida. Mamá siempre se sintió culpable: "El no ha nacido para tareas menores".

A papá no le gustaba la profesión de abogado pero el teatro fue su verdadera pasión. Crecí viendo a mis padres representando funciones a beneficio y en salones privados.

De muy chica sorprendí a todos con mi precocidad, a los tres años yo leía y recitaba fábulas y largos poemas que papá me enseñaba.

Aprendí de mamá a controlar mi lenguaje, a censurar mis deseos, a decir y a hacer lo que exactamente se debía decir y hacer. - De nuestra obediencia y de nuestra piedad depende que Dios salve a Francia.

A los siete años fui una niña modelo. Me había influenciado mi confesor, el Padre Martín. Me gustaba oír en la mañana gris el ruido de nuestros pasos sobre las losas, sentir el olor del incienso y el vaho de las velas. Me arrodillaba a los pies de la Cruz soñando con la taza de chocolate que me esperaba en mi casa.

Yo era tan piadosa como mi madre; para mi no había diferencia entre su mirada y la de Dios.

A los trece años, me flagelaba en secreto, esperando que se abrieran para mi los misterios de la Santidad.

A medida que yo iba entrando en la adolescencia, mis firmes creencias de la infancia se iban agrietando cada vez más.

Un verano, mi madre dejó pasar un libro sin censura. Vi escenas de amor ardiente y desde entonces me entregué a mis fantasías eróticas antes del sueño.

A los quince años era presa de un arrebato sexual muy violento, sin tener la menor idea de qué se trataba. Sentía muy vagamente que me faltaba otro cuerpo. Cuando fui a confesarme con el padre Martín me decepcioné gravemente. Mientras mi confesor me hablaba, una mano imbécil se había abatido sobre mi nuca, doblaba mi cabeza, pegaba mi cara contra el suelo. A partir de entonces nada se interpuso en mi camino hacia el escepticismo. Nada me haría renunciar a las alegrías terrenales. Me resultaba más fácil pensar en un mundo sin creador que en un creador que sufriera todas las contradicciones del mundo. Por vez primera me enfrenté con el miedo a la muerte.

Mi madre tenía autoridad sobre mí. Yo la respetaba. Había adquirido sus mismos valores, el deber, el mérito. Y los tabúes sexuales siguieron siendo centrales en mi vida. No le conté a nadie mi crisis espiritual y seguí comulgando. Sufría por sentirme marcada, vacía, separada.

A partir de entonces elegí mis propios libros y algunas lecturas me hicieron cambiar la opinión que tenía de mi misma. "Soy valiosa. Me atrevo a ser yo misma".

Una tarde, a los catorce años, estaba ayudando a mi madre a lavar los platos. Por la ventana vi otras cocinas donde otras mujeres frotaban cacerolas o pelaban verduras. Me pregunté: "Estas horas infinitamente repetidas y que no llevan a ninguna parte: ¿Viviré yo así? Si no hay ninguna meta ¿para qué caminar? NO, NO ME CASARÉ NI SERÉ AMA DE CASA, MI VIDA CONDUCIRÁ A ALGUNA PARTE."

Comencé a imaginar un amor en el cual el intercambio intelectual fuera intenso.

Mi hermana ya no me idolatraba, mi padre me hallaba fea, mi madre desconfiaba del oscuro cambio que adivinaba en mi.

Zazá era mi mejor amiga desde los diez años. Compartíamos el mismo banco de la escuela. Era morena, desenvuelta, descreída. Zazá marcó mi juventud. Nos llamaban "Las Inseparables". Sus padres me toleraban las conductas que los míos me prohibían. Conversábamos de nuestros estudios, nuestras lecturas, de lo que conocíamos del mundo, no de nosotras mismas. Yo no pretendía que Zazá sintiera por mí algo tan definitivo como yo por ella: me bastaba ser su compañera preferida. La admiración que sentía por ella no me disminuía a mis propios ojos.” (Memorias de una joven formal)

Zazá descubrió antes que yo que estábamos rodeadas cristiana falsa. Queríamos salir del mundo en que vivíamos, al que sentíamos hipócrita.

Cuando abandoné la fe y la obediencia Zazá fue mi sostén. Compartíamos un gran deseo de felicidad. Hablábamos de lo que quería cada una para el futuro.

Yo quería trabajar, ser independiente, y concebía el amor como una relación entre dos compañeros, y él debía ser culto, superior. A Zazá solo le importaba la sensibilidad, el entendimiento. “El podría ser un obrero”, me decía. Juntas nos enfrentábamos a la mediocridad del Colegio. Discutíamos con ardor cada concepto y chocábamos con las limitaciones y pacaterías del ámbito escolar.

Decidí dedicarme a la vida intelectual, ser profesora y escribir. Pasé brillantemente mis exámenes, terminé el colegio y elegí mi carrera. Quise doctorarme en filosofía en La Sorbona, y las profesoras del Colegio pusieron el grito en el cielo para inquietar a mi madre. Le decían que la filosofía corroía mortalmente muchas almas y que en un año en La Sorbona yo perdería la fe y las buenas costumbres. Mas mi padre, aprobó mi proyecto, y me dijo que sería profesora de liceo. Entonces acepté estudiar letras y no filosofía. Mi madre pensaba que la literatura era menos sacrílega.

Al mismo tiempo me enfrenté con varias versiones de la moral sexual. Me molestaba que se impulsara a los muchachos a iniciarse sexualmente con chicas de clase inferior y que a las mujeres se les exigiera pureza. Yo era demócrata y romántica. Quería que la pureza fuera un deber para todos. Pensaba que cuando encontrara al verdadero amor me entregaría en cuerpo y alma. No me gustaba el sentido práctico de mis primas, que se permitían licencias con sus amigos, pero cuidándose de permanecer vírgenes.

Ya era grande. Mi primer viaje sola. Estaba actuando bastante bien. Pero todos esos hombres que me miraban me ponían nerviosa.

Yo era una estudiante entusiasta y rigurosa. Haría la licenciatura en letras con Zazá en la Escuela Normal de Neuilly. Estudiaría matemática general en el Instituto Católico y cursaría filosofía en La Sorbona. ¡Había logrado ser una estudiante!

Un día mi madre consideró que había llegado el momento de hablar de sexo conmigo. Yo temía a ese momento. Me dijo que había “ciertas cosas” que “tenía” que “saber”. Entonces le respondí: “Ya las sé”. Ella, piadosa me contestó: “Dios va guiar tus pasos” . Entonces tomé coraje y le dije “ya no creo más”. Ella me respondió: “¡Pobrecita! Si no crees en Dios no podrás ser feliz”. Me sentí muy aliviada. Por fin me había sacado la máscara.

Ya no me encontraba a gusto en casa. Desde mi confesión de la crisis religiosa, mi madre había dejado de hablarme. Entonces esperé complicidad por parte de mi padre, pero él también me rechazó. Me dijo que me pasaba todo el día metida en libros. “Tu prima es graciosa y conversadora. Tú nunca hablas cuando ella viene a tomar el té”. ¿Qué demonios quería? El mismo había elegido para mí tres carreras difíciles. No podía esperar eso de mí, estudiaba todo el día y no podía dedicarme a frivolidades.

Mi padre comenzó a sentir resentimiento cuando me vio estudiar. El hubiera preferido casarme con un hombre distinguido y volver así a un círculo social superior. Mis profesores le parecían unos pedantes que tenían ideas distintas a las suyas. Mi padre creía en la nación, en la raza, en la casta, en la familia, en la patria. Yo, creía en los derechos del hombre, el pacifismo, el internacionalismo y el socialismo.

La literatura tomó el lugar que había ocupado la religión en mi vida. Antes había leído solamente a los autores clásicos, que eran como monumentos: grandiosos pero ajenos. Los libros de escritores contemporáneos que ahora leía eran de hombres de carne y hueso, y hablaban de la vida actual.

El conflicto estalló. Mi padre sostenía que la literatura contemporánea era decadente e inmoral. Comenzamos las discusiones por aquellos autores, y las continuamos con los valores de la vida.

En cuanto abría la boca, les daba de dónde agarrarse, y me encerraban de nuevo en ese mundo del que había tardado tantos años en evadirme, donde cada cosa tiene su nombre, su lugar y su función. Donde el odio y el amor, el mal y el bien son como el negro y el blanco. Ese mundo bañado de una implacable luz, que la sombra de una duda no roza jamás. Prefería guardar silencio” (Memorias de una joven formal)

Los escritores de la nueva generación también se habían rebelado contra los padres, la familia, la tradición. Se proponían ser auténticos y entendían la sinceridad con uno mismo. Para lograrla, se detenían en el análisis detallado de cada estado de ánimo. Estaba bien visto mostrarse inquieto, insatisfecho. Y yo me entregué a la inquietud.

Ya nadie creía que debía importar el bien y el mal, sino en que el hombre debería realizar su destino por el camino del bien o por el del mal, sin importar moral alguna. Admitían los actos inmorales siempre que fueran gratuitos, desesperados y rebeldes.

Comencé a flirtear con mi primo Jacques, un joven inquieto. Hablábamos durante horas del arte moderno y de sus proyectos literarios. Me prestó más libros. Así como él, me introduje en el arte moderno, las obras de Picasso, Braque o Matisse.

Me enamoré de Jacques en silencio. Pero él tenía una vida de la que yo no participaba. Frecuentaba los bares de Montparnasse, por donde habían pasado Trotski, Lenin, los cubistas, los surrealistas; era el comienzo de la contracultura, las drogas y el amor libre.

Mi amor por Jacques me atormentaba. El tenía un ánimo cambiante que me hacía dudar de sus sentimientos. Pero cuando él pareció definirse, yo comencé a dudar de mi propia aceptación. Me parecía que Jacques era poco serio y sospechaba que su rebelión contra la familia terminaría cuando se casara.

Jacques me había desilusionado. Nada me interesaba. Nunca sería feliz, nunca encontraría a alguien como yo.

Fuente: Simone de Beauvoir para principiantes (Analía Efrón, Luis Roca).

Anna Donner Rybak © 2011

Tranvía ACDC.


Espías en la facultad al viejo gordinflón, ¿qué le ves?, ¡Es un Maestro! ¡Mira su modelo! ¿Pos mija que Ud. no tiene un novio? Voy con él a la facultad, (silencio), Pos chica ¿es que tú estás bien? Dolorida. Mija, ya pasa. Lléveme al hospital. ¿Cuánto dormí? ¡No puedo moverme! ¡DUELE! ¡DUELE MUCHO! Desespero. Tranquila chamaca, traeremos sus pinturas. Con el dedo gordo del pie tracé aquel extraño mundo, mi novio se fue a París, ¡Hoy pude sentarme! No me gustan las sillas de ruedas, ¡alcáncenme un bastón! ¡Pos chamaca, no se agote! ¡No soy una inválida! Han pasado los meses, me acerco al Maestro, tengo una carpeta con bocetos. ¿Quién eres tú? No tengo tiempo, échale una vichadita, pos ven. Pero sí que eres buena...

Voy con el Maestro a una fiesta, el bastón ya es historia, llevo el dolor al inconciente, y bailo, y bailo, y bailo, y camino con dificultad, y el Maestro me coloca a su altura, Estoy enamorada, ¡Mijita, pos no ve que es muy mayor?, ¡Tómenos una foto!,¿Así, vestida de hombre?

El maestro y yo nos casamos, en Estados Unidos lo quisieron corromper, había mucho dinero en juego, pos volvimos a casa, dicen que los mundos que creo son espeluznantes, pobres, no comprenden, dos son las fracturas, la de mi columna, que me provoca dolores insoportables, que estoicamente soporto, y ahora, la posibilidad de engendrar vida. Nado en sangre mezclada con lágrima, ¡y estos malditos se asustan del rojo de mis cuadros! ¡Cobardes! Está enloqueciendo, Siempre fue muy extraña.

¡Con mi hermana! ¡Miserable! ¡Jamás te voy a perdonar! ¡No quiero irme! ¡Andate! ¡Pos mija, tenía razón tu madre!

Trepo la pirámide con el fugitivo Trosky, ¡Sí que eres valiente! Te amo. ¿Y Don Trosky? Pos chamaca, esta mañana tuvieron que irse.

Mija, muéstreme ese dedo, está violeta. Me siguen sacando pedazos.¿Qué quedará de mi?

Me han construido un lecho de bonita madera labrada, ya no puedo sentarme, sigo, pintando. ¡Gordo, ha vuelto!, no puedo vivir si tí, no me dejes.
Se inauguró mi muestra. ¡Quiero ir!¡El médico lo tiene absolutamente prohibido! ¿Qué médico? ¡Carguenme!

Llego a mi momento de gloria, transportada en un altar de madera. Me vitorean.

Gordo, vas a estar bien, no te vayas, Gordo soy feliz.

Me tuve que ir.

F.K. In memorian

Anna Donner Rybak © 2011

La Mujer vestida de Negro.


-Ella vive en una burbuja. ¿Acaso eso es normal?
-No sé.
-¡No habla con nadie! Es antipática. Se cree que sabe todo.¡Y los demás no sabemos nada!
-Quizá no sea antipática sino tímida…
-¡Habla mucho!
-¿Habla mucho o no habla con nadie?
-¡Es una perseguida! ¡Cree que todos están contra ella! ¡No es igual a los otros, no es normal!
-¿Cómo es “ser normal”?
-¡Normal! ¡Como son todos!
-¿Cómo son todos?
-¡Normales!
-No te entiendo.
-¡No hace lo que hacen todos!.
-¿Y qué hacen todos?
-¡Lo normal!
-¿Cómo qué? ¿No es normal porque “habla poco”?
-¡Y sí!
-¿Y no será que prefiere callar porque no tiene nada que decir?
-¡Siempre hay algo para decir!
-¿Siempre?
-El día, el cielo, la moda, ¡miles de cosas!
-¿Y si a ella no le interesan esas cosas?
-¡No existe alguien a quien no le interesen esas cosas! Bueno, si existe alguien así no es normal.
-¿No dijiste que ella habla mucho?
-¡Claro!
-¿Y cuál es el límite?
-No te entiendo.
-Me refiero, a cuánto y de qué hay que hablar para no ser “loco”, o como vos decís, para ser normal.
-¡Y lo normal! Aparte ¿viste lo que dicen todos?
-No…
-Ella no hace las cosas que se hacen…
-¿Qué cosas son las que “se hacen”?
-¡Las cosas!, los mandados, la comida, yo siempre estoy a mil, ¡no doy abasto!, llevo a Bebe al futbol, a Loli a hockey, y mientras tanto voy; estaciono en doble fila, y compro lo que haga falta. Hoy voy a hacer tarta de alcaparras, porque al Gordo le encanta, y las alcaparras me salen más baratas en la calle Arenal Grande, así que, en diez minutos hago la compra.
-¿Dijiste que estacionás en doble fila?
-¡Son diez minutos!
-¡Pero se arma un lío bárbaro con los bondi que pasan por ahí!
-¡No se van a morir!
-¿Y vos?
-¿Yo qué?
-¿Te vas a morir si estacionás a la vuelta y caminás unos pasos? Después te pesás cuatro veces por día…
-¡Qué tiene que ver!
-No sé…
-Mirá, ¡yo estoy a mil!, mientras espero la hora de salida de Bebe y Loli hago los mandados, y después en el anca de un piojo, los voy a buscar, ¡y los llevo al inglés!
-¿Y?
-Y bueno, mientras están en el inglés, voy un momentito a casa y saco las alcaparras, porque dicen que si las dejás 14 minutos y 20 segundos al aire fresco y luego 3 minutos con un poquitito de nuez moscada, quedan bárbaras, y las probé y al Gordo le encantan. Mirá si ella le va hacer alcaparras a él, que trabaja todo el día, y viene cansado, ¡ella no hace Nada!
-¿En esa casa no comen?
-Comen todos los días lo mismo.
-Pero comen.
-Pero todos los días o pasta, o milanesas con tomate, o panchos con ensalada rusa, omelette de queso.
-¿Y eso no es comida?
-¡Ah! ¡No vas a comparar “eso” con las alcaparras que le hago al Gordo!
-¿Por qué?
-¡Dejá! Yo al Gordo le hago la comida fresca y cada día, ¡no vas a comparar lo que lleva hacer la comida fresca con comprar todo en el súper!
-Mientras en su casa haya algo para comer, no veo la diferencia.
-¡Cómo que no ves la diferencia! ¡Así que viva! ¡Es una papa!
-¿Y qué tiene de malo que sea “una papa”?
-¡Que le importa un rábano el marido, los hijos! ¡Sólo le importa ella! Todo el día con esa tontería de ser escritora…
-¿Tontería?
-¡No vas a comparar estar todo el día escribiendo con estar a mil como estoy yo!
-Pero ella escribe cosas interesantes.
-Mirá, serían cosas interesantes si eso le hiciera ganar algún manguito, pero así no.
-¡Ella trabaja también!
-¡Qué viva! Un trabajo donde está muy cómoda.
-¿Lleva o no lleva divisas a su casa?
-¡Lleva porque todos los funcionarios públicos son flor de vivos, no hacen nada y tienen siempre un sueldón seguro.
-¡No todos son iguales!
-Y todavía después de estar cómodamente “trabajando”, escribe pavadas.
-¿Por qué pavadas?
-¡Ya te dije! ¡Porque no gana un puto peso con eso! Si me dijeras John Gray… bueno, eso es otra cosa.
-¿John Gray no escribe pavadas?
-¡Obvio que no! Se hizo millonario con “Las Mujeres son de Marte y los Hombres son de Venus”. Pero a ella, ¡la mitad de los cuentos son unos divagues, no entiendo nada! Y sino, pierde el tiempo discutiendo y publicando columnas políticas, y después se engancha con eso y ¡claro! Se compenetra tanto que se va volver loca, si ya no lo está.
-Pará. ¿Y vos?
-¿Yo qué?
-Vos tenés una buena vida.
-Sí, bueno, ¡estoy a mil todo el día!
-No me refiero a si estás a mil, me refiero a que acá estás tranquila.
-No entiendo.
-¿No se te da por pensar que un día puede estallar la tercera guerra mundial?
-¡Dejate de estupideces! ¡Si todos nos fuéramos a preocupar por el mundo, nos terminamos suicidando!
-¿Te olvidás de cómo llegaron tus abuelos a este país?
-Sí, llegaron y se pusieron a trabajar, y yo hoy bueno, no trabajo pero cuido a mis hijos,¡estoy todo el día a mil!
-¿Y qué pasó con tus tíos abuelos?
-¡Dejá! Gente que no conocí, sería un masoquismo preocuparme por unos tíos abuelos desconocidos.
-¿No te jode que los hayan matado?
-¡Y bueno, esa época fue la que les tocó vivir!
-¿Y no te importa?
-¡Eso ya pasó!
-¿Y si pasa de vuelta?
-¡Dejá el masoquismo! ¡Esas son pavadas!
-¿Te puedo hacer una pregunta?
-¡Obvio!
-¿Vos mirás el informativo?
-¡Ni loca! ¿Para deprimirme?
-¿Vos sabés que pasa en el mundo?
-¡Ufa! ¡Otra vez con lo mismo! Mirá, me importa un bledo lo que pasa en el mundo, siempre hay una “guerrita”, siempre fue así.
-¿Y no creés que vos podrías hacer algo para cambiar eso?
-¡Claro! ¡Yo voy a venir con naves voladoras, y mil marcianos y voy a conquistar el mundo! Ahora que me acuerdo, en uno de los cuentos había tipos raros que tomaban sustancias y un montón de estupideces, me parece que se olvidó que ya no está para escribir sobre las chicas superpoderosas. Pero te digo, está tan loca, que no dudo de que se cree una chica superpoderosa. Se cree una de ellas. Si se dedicara a las cosas normales, y no a las pavadas, no estaría tan loca. ¡Despertá! La tipa es un ente, ¡le importa un rábano todo! El otro día me quería morir de la vergüenza, le dijo a Sarita que todo lo que hablaba eran pavadas. Sólo una loca puede decir eso en público, tá, te acepto que lo piense, pero ¿cómo la va tratar de estúpida a Sarita? ¡Lo que pasa es que todos son estúpidos! Sólo una loca le dice a otro que es un estúpido. Una persona normal no va diciendo las bestialidades que dice esta tipa.
-Sí, tenés razón, ¡ella no es normal!
-¡Viva viva, descubriste América!
-Bueno, me voy que ya está por llegar El Gordo, y te tengo entretenida.
-¡No es nada! Mientras hablo contigo por teléfono, ya saqué el pollito del horno, puse la mesa, ahora voy en un periquete y busco a Bebe y Loli.
-Te corto, ché, estás a mil.
-Si la verdad es que estoy a mil. Si querés llamala a ella, que seguramente tiene todo el tiempo del mundo, ¡ja ja!

Anna Donner Rybak ©2011

María Luz.


I.
Hoy es el aniversario de Juan y María.
Una vez él salió a trabajar, temprano por la mañana, María se levanta presurosa. Se viste con un vestido de bambula blanca, y rápidamente sale a la calle. María tiene muchas cosas por hacer.


María pasa por el puesto de Angelito, el vendedor de flores.
-Buen día, María. Hoy se te ve radiante.
-Gracias Angelito, ¿sabés? ¡Hoy es mi aniversario!
-¡Qué bien! No me digas nada, querés tus flores preferidas.
-Un ramo de rosas amarillas.
-Rosas para una rosa- dice el vendedor- acá tenés, María.
-Realmente están muy lindas.
-La que está linda sos vos. ¿Cómo se porta esa critatura?
-Patea bastante, pero lo siento tanto… - María está con un embarazo casi a término. Luce tan feliz…


María elige cuidadosamente los ingredientes del plato preferido de Juan, pollo agridulce con pasas y salsa caramelo. Busca el pollo más grande en la avícola de la esquina. Luego, se dirige a Casa Singer, las especias de allí son más frescas. Por último, antes de llegar a casa, completa el surtido en el supermercado: Azúcar Rubia.

II.
María Luz y Juan Cruz, se hicieron novios en la “Scuola Italiana”. Juan Cruz estaba en cuarto, y María Luz en segundo.

María Luz tenía el cabello largo y ojos celestes. Era la chica más linda de su grado. Cuando los de cuarto hacían los bailes, todos querían bailar con María.

Juan Cruz era uno de los delegados de la comisión del Grupo de Viaje a Bariloche, había sido votado por unanimidad. También Juan Cruz estaba en el equipo de fútbol, el de rugby, y el de polo. Juan Cruz había nacido para ser deportista.

Ese día, era el último baile de los de cuarto. Juan Cruz sacó a bailar a María Luz, y ella asintió.

-¡Qué suerte que tenés, María! ¡Cuántas soñamos con que Juan Cruz nos mire, y a vos te saca a bailar!

Dos semanas después, Juan Cruz le pidió para arreglarse a María, y ella le dijo que sí.
-¡Qué suerte que tenés, María! – volvieron a decirle todas sus amigas - ¡Cómo nos gustaría ser vos!

III.
María Luz y Juan Cruz estuvieron nueve años de novios. Por esas épocas Juan Cruz, además de tener en su haber una colección de más de cien medallas, en encuentros deportivos, competencias, y seminarios, estaba dedicado a la religión. Era un ferviente católico.

Por supuesto que María Luz y Juan Cruz no tenían relaciones sexuales, puesto que los mandatos religiosos así lo indicaban.

-María, ¿cómo hacés para soportar? – preguntaban sus amigas.
-Es una cuestión de valores- decía ella.
-¿No te pone celosa que Juan Cruz tenga relaciones sexuales con otras mujeres?
-No, el es hombre, y tiene que hacer “sus cosas”.

IV.
El casamiento fue impresionante. Una fiesta para 500 invitados, luego de la ceremonia religiosa, que se llevó a cabo en la Parroquia Stella Maris.

María estaba bastante nerviosa, pues esa noche, rompería con la castidad.
Tenían reservada la suite presidencial en el Hotel.

Una vez que los últimos invitados se retiraron de madrugada, Juan Cruz, tomó a María Luz de la Mano, y la condujo a la suite.

María estaba rígida.

-¿Porqué estás tan dura? – Estoy nerviosa- ¿Nerviosa? ¡Estás conmigo! ¿Cómo vas a estar nerviosa? ¡Vos no me habrás engañado! - ¡Juan! ¿Cómo se te ocurre? – Por algo estás nerviosa. Pero ya me voy a enterar.

Acto seguido, Juan comenzó a desvestir a María Luz. Si es que a eso se le podía llamar desvestir. Más que desvestir, rasgó absolutamente toda la tela del vestido de novia.

¡Pará Juan! ¡Me estás lastimando! – ¿Qué dijiste? ¡Qué dijiste! – Pa-ra… - ¿Me estás rechazando? -¡No Juan!
Una vez rasgado el vestido, María quedó con la hermosa lencería hecha a mano por las hermanas Achával, famosas por sus diseños de ropa íntima para recién casadas.
María lucía un juego de body con portaligas, medias de encaje, y un conjunto de ropa interior bordado y con perlas.

Los ojos de Juan, se le salieron de las órbitas.

-¿Qué pasa? ¿No te gusta?- ¡Todavía tenés el descaro de preguntar! ¡Estás vestida de puta! ¡Me casé con una puta, carajo! – Juan, pero es lo que se est…- Juan no la dejó terminar de hablar.

Poseído por el diablo, le arrancó de modo bestial todas las prendas. A continuación la empujó a la cama, y se le tiró encima.

La penetró de modo salvaje, y luego eyaculó.

Entonces, se levantó, y dijo: - Me voy a duchar, me da asco haberme casado con una puta.

María Luz quedó sangrando inmóvil sobre la blanca sábana.

V.

-María Luz, ¿qué es esa mancha que tenés abajo del ojo?
-No es nada, me golpeé contra la puerta del invernadero.
María Luz se maquilló con bastante corrector.

-María Luz, ¿otra vez te golpeaste contra la puerta del invernadero?
-Sí..
-María, por favor, decime la verdad.

-María, ¡No lo defiendas!
-El me prometió que iba a cambiar, ahora que voy a tener al nene…
-No sé, María, vos sabés lo que hacés.

-¡Quién estuvo de visita acá! ¿No te dije que no me banco a tus amigas? Te llenan la cabeza de mierda. ¡Te prohíbo que te visiten! Oíme bien, si vuelven, atenete a las consecuencias.
-No van a volver.

-María, a ver ese moretón….
-Sh… hablá despacio…. Que la mucama le cuenta todo a Juan.
-María, ¡tenés un hematoma brutal, y la cara hinchada!
-Ya te dije que no es nada.
-¿Cómo que no es nada? ¡Este tipo te está pegando!
-¡Callate! Es mi marido y lo amo. Lo que pasa es que anda muy nervioso. Los negocios no andan bien últimamente. Mirá, prefiero que no nos veamos más.
-María, soy tu mejor amiga, ¿cómo me podés pedir eso?
-¡Porque vos tenés envidia de Juan!
-¡María!
-¡Siempre le tuviste ganas! Y ahora me das manija contra él para que lo deje.
-Realmente te desconozco.

VI.
María ya tenía la cena lista. El pollo agridulce a punto, como a Juan le gustaba. Sus otros seis hijos ya estaban vestidos y peinados. María espera su séptimo hijo con Juan. Está embarazada de 36 semanas.

Unos fuertes golpes se oyen en la puerta de calle. María abre.

-¿Qué hacés vestida así? ¿No ves que se te ve todo?
-Feliz aniversario, mi amor.
-¿Ya está la cena?
-Te hice pollo en salsa agridulce.
-¡No te pregunté qué hiciste, limitate a contestar lo que te pregunto! ¿No ves que el patrimonio de mi familia está corriendo peligro? ¡Y vos me venís con estas pavadas!
-Perdoname, Juan.

Los siete niños ya están sentados a la mesa. La cabecera, libre para Juan. Lisa, se había manchado el saquito rosado.

-¡Qué clase de madre sos! ¡Tenés a nuestros hijos sucios! ¡Qué carajo hacés en todo el día! ¡Te mantengo, no te falta nada y vos no cumplís con tus obligaciones!

-Juan, recién se le volcó un poco de Coca…

-¡Cambiale el saquito ya! ¿No ves que viene Pedro Arocena dentro de un rato para tratar asuntos de la empresa? ¿Qué va pensar si ve a mis hijos sucios?


María sube la escalera con Lisa.
A los quince minutos, tiempo que le llevó cambiarla, María baja la escalera.

-¡Se te ve todo! ¿Saliste a la calle con esto? – Es un vestido de bambula, ya no me entra nada.- ¿Saliste a la calle con esto? – Si.- ¡Puta del orto! ¡Qué coca cola ni coca cola! ¡La nena está sucia porque vos de tarde andá a saber qué carajo anduviste haciendo por ahí!- Juan, nada que ver- ¿Qué dijiste?- Que nada que ver- ¡Todavía tenés la osadía de mentirme! – Juan sube la escalera a la altura del escalón donde está María. –Lisa, bajá y sentate en la mesa con tus hermanos, que tengo cosas que hablar con mamá.

-¡Puta de mierda! ¿Así que de tarde yo estoy trabajando y vos andás de putas por ahí?- Juan, por favor- Juan zamarreó a María Luz, le dio dos golpes brutales. Ella cayó rodando por las escaleras.

Juan se acercó en silencio. Tomó el pulso de María Luz. Estaba Muerta. El bebé también.

Juan tenía que pensar rápidamente. En dos horas llegaba Pedro Arocena.

Los niños lo miraban muertos de miedo.

Si los niños hablaban, Pedro Arocena no le daría un peso.

Juan no podía perder un instante. Se dirigió a su estudio. Al rato estaba nuevamente en el comedor. Los niños lo miraban atónitos. Entonces Juan, se levantó, y disparó uno a uno en la cabeza de los niños. En dos minutos, todos estaban muertos.

Todavía le quedaba una hora. Juan arrastró los cadáveres hacia el galpón del fondo, ya después vería cómo se deshacía de todo eso.

Volvió al interior, y llevó todos los platos a la cocina. La mesa quedó vacía, sólo en un extremo una botella de J&B, y dos vasos. También la hielera.

VII.

-¿Cómo te va Pedro?
- ¡Todo bien! ¿Y María y los chicos?
- Se fueron a la estancia, necesita tranquilidad.
-¡Claro! ¿Para cuándo tiene fecha?
-Para el 25 de la semana que viene.
-Te felicito, che.
-Gracias.
-Sentate, ¿querés un trago?
-¡Qué atento! No se te escapa nada, como en tus mejores tiempos. ¡Démosle a ese etiqueta azul que nos llama, ja ja!
Juan sirvió dos vasos.
-¿Con hielo?
-No, sería un sacrilegio.
-Yo pienso lo mismo.
-Bueno bridemos. ¿Por quién vas a brindar, Juan?
-¡Por mi!
-Tenés razón, yo también voy a brindar por mí.
-Eso de la falsa modestia es una verdadera patraña.

Anna Donner Rybak © 2010

Si no querés que vos y tus hijos terminen muertos, DENUNCIA. Estás en peligro de muerte.

LUGARES A LOS QUE PODÉS RECURRIR.
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RECORDA QUE MAS VALE QUE ÉL SE ENOJE AUNQUE HABLES, A QUE VOS Y TU FAMILIA SE VUELVAN CADÁVERES.

Mía




I.
-¿Cuántos años tiene?

-Ocho.

-¿Y va solita? – Mía está subida a Rey, con su bombacha y botas de montar.

-Sí, ella anda desde chiquita.

-¡Pero es divina!- Exclama sorprendida la señora Márquez.

Mía, al igual que todos los demás jinetes, está pronta junto con Rey para desfilar.

Mía es una nena de rizos de oro, y ojos aguamarina. Se la ve tan segura sobre Rey, tan pequeña y tan tierna…

Mía es una niña buena, cuida a sus primas más pequeñas, juega con ellas.

Mía es una niña buena porque papá le dio mucho amor.

Papá adora a Mía, y la cuida como su propia hija, pero ahora….

Cuando papá se enamoró de Silvia, la aceptó incondicionalmente. Ella tenía una pequeña hija, y ni sabía quién era el padre.

Papá adoró a Mía desde el primer día. Cuidó de ella durante siete años. Incluso después que Silvia lo abandonó, dos meses después, para irse con otro hombre.

Un día, golpearon a la puerta. Papá preparaba la cena, y Mía abrió. ¡Mami, Mami! – se colgó del cuello de Silvia.

-¡Tené cuidado, Mía, que recién salgo de la peluquería! – dijo molesta Silvia.

Papá, tuvo un terrible presagio.

II.

-¿Cómo estás, Silvia?- le dijo papá, y la invitó con un trago.

-Muy bien.

-Se te ve muy linda.

-Ah, gracias. Es que conocí a alguien y nos vamos a casar.

-¡Felicitaciones! Vos sabés que te quiero, y te deseo lo mejor.

-¡No me importan tus felicitaciones ni tus deseos!- repuso molesta, Silvia. A continuación se dirigió a Mía:

-Mamá vino a buscarte, ahora vamos a estar juntas…

-Silvia, ¡no me hagas esto, te lo pido por favor!- dijo papá.

-¡No es tu hija! ¿Qué te metés en lo que no te importa?

-¿Me vas a decir que ahora te importa tu hija, después que la dejaste conmigo y te borraste, y nunca más viniste a saber de ella? ¿Sabés cuántas veces me preguntó por “Mamita”? Y yo le decía, “Mamita tuvo que viajar por trabajo”, y Mía me decía “Extraño a mami, papito”. ¡Sabés cuánto me llevó sacarle la pena! ¡Claro que no sabés, si no tenés corazón!

-¡No tengo tiempo para estupideces! Dejate de sensiblerías. Es ¡mi hija y no tuya! ¡No tenés ningún derecho sobre ella!

-La cuidé, le enseñé a caminar, le leí cuentos todas las noches antes de dormir, la inscribí en la escuela, y me decís que ¡no tengo nigún derecho! ¿Y vos? ¿Qué creés? ¿Qué porque sos la madre biológica podés ahora salir de la nada, y arrancármela como si nada?

Silvia se miraba las uñas recién pintadas, mientras papá, desesperaba.

-Me importa una m. lo que pensás. ¡Mía! ¡Vamos a buscar tus cosas!

-Silvia, te lo pido por favor, no me hagas esto. ¿Necesitás guita? ¡Te doy lo que quieras!

Silvia hizo de cuenta que no escuchaba nada.

-¡Mía, no traigas todo, mami te compra!

Mía, en silencio, fue a su habitación, y en una pequeña mochila rosada, puso su remera de Barbie, un osito rosado, y cuando estaba juntando la ropa interior Silvia le dijo:

-¡Con eso basta! ¡Vamos que estoy apurada!

-Chau, papito.

-Chau mi amor.

III.

Mía estaba tan feliz… Al fin mami había venido a buscarla… y la abrazó.

-¡No seas molesta! ¡No ves que mamá va salir esta noche y tiene el peinado perfecto!

-Perdoname, mamita.

Silvia se detuvo frente a una casa de madera, y abrió la puerta rápidamente.

-¿Qué esperás para entrar? – le dijo a Mía.

-Perdoname, mamita.

-¡No sabés decir otra cosa!

Mía entró, y Silvia le señaló una habitación.

Había un sobre de dormir.

-¿Mami, y mi cama?

-Mami te va comprar ¡todo un juego de dormitorio rosado, como el de Barbie!

-Mamita, te quiero tanto…

Unos fuertes golpes, casi derriban la puerta de entrada.

-Mamita, están golpeando..

-Ufa, ¡ya se, Mía!

Silvia abrió. Un hombre ataviado con una campera de cuero, tachas, y muchos tatuajes entró.

-Hola, mi amor- le dijo Silvia.

El hombre, sin responder, vio a Mía, que lo observaba con sus ojos aguamarina.

-¡Y esta gurisa quién es! ¡No te dije que no quiero a nadie más acá adentro! – dijo enojadísimo el tipo.

-Es mi hija.

-¡Cómo! ¿Tenías una hija, desgraciada, y no me avisaste nada? ¡Ahora que! ¿Tengo que alimentarlas a las dos?

-Tranquilizate, Richard. No es lo que pensás.

-¡Y vos qué carajo sabés qué pienso yo!

Silvia no respondió.

-¡Te hice una pregunta!- acto seguido, Richard se dirigió hacia Silvia, y le dio una bofetada.

-¡No le pegues a mami!- gritó Mía.

Richard, con los ojos desencajados, reparó en la vocecita infantil. A continuación, cambió radicalmente su tono.

-¿Cómo te llamás?

-Mía…

-Tenés unos ojos muy lindos, Mía- dijo Richard. Y le acarició los rizos.

-Vos no me gritás, mami me grita….

-Mami te grita, porque mami es mala, por eso le pegué. Perdoname- le dijo Richard a Mía.

Silvia se dirigió a Richard y lo abrazó.

-Richard, traje a la nena porque tuve una buena idea para nuestro futuro, no te enojes por favor.

-¿Qué idea? ¡Una gurisa lo único que me va traer son más problemas de los que ya tengo! ¿Está pronta la cena?

-¿No íbamos a salir?

-Oíme bien, hija de .. ¡No vamos a ninguna parte! ¡Quiero la comida!

-Ya te preparo, mi amor.

-¡Qué! ¿No tenés preparada la cena? ¡Trabajo como un burro todo el día y vos andás loqueando por ahí, y llego a mi casa, me encuentro con que tenés una hija, y no está la cena! - Richard le dio una piña que fue directo a la cara de Silvia.

-Perdoname, mi amor, ya te preparo.

IV.

Papá se desesperó desde el día que Silvia se llevó a Mía.

Al día siguiente, se comunicó con Silvia, para decirle que visitaría a Mía.

-¡Oíme bien! ¡No es tu hija y no tenés más nada que ver con ella! ¡No la vas a ver más!

-¡Pero qué te molesta!- decía papá.

-¡Claro, querés arruinar mi matrimonio!

-¿Y eso qué tiene que ver?

-¿Sos o te hacés? Si Richard me ve con vos, me va dejar, ¡tarado!

Todo lo que hizo papá por ver a Mía fue inútil. Trató de ir a buscarla a la escuela. La maestra ya se la iba a entregar, cuando llegó Silvia muy nerviosa.

-¡Vos sos enferma! – insultó Silvia a la maestra.

-¡Que le pasa señora! ¡Si es el padre de la niña!

-¡Qué padre ni padre! – Silvia giró la cabeza media vuelta y le dijo a papá- Hijo de tu m. ¡así que acá mentiste! ¡Este señor no es el padre de esta niña, pero yo sí soy la madre!

-¿Y si es la madre porqué nunca vino por acá, Señora?

-Escuchame bien, vieja metida, no preguntes lo que no es asunto tuyo.

-¡Usted disculpe, Señora, pero el señor, aunque usted diga que no es su padre, es quien todas las tardes desde que está en la escuela, ha venido a buscar a esta niña!

-Mirá, vieja, desde hoy, la que va a venir a buscar a Mía soy yo. Y si se la das a este ¡te denuncio, vieja! ¡Me entendiste!- acto seguido agarró a Mía del brazo y se la llevó a rastras.

-Tenés que hacer la denuncia Juan- le dijo la maestra a papá.

-No me sirve de nada, en este país la madre es La Madre. Y yo ni siquiera soy su verdadero padre… - a papá se le caían las lágrimas.

-Juan, ¡cómo decís eso! ¡Claro que sos su padre! ¡Padre no es el que la engendra, padre es el que la ama, la cuida! Juan, yo tengo una conocida en Montevideo, te voy a averiguar.

V.

Unos gritos despertaron a Mía en la mitad de la noche. Se levantó, con su pijama rosado, y fue al comedor.

-¡Grandísima h.d.p! – gritaba Richard. –¡Todavía que te mantengo y no te deshiciste de la gurisa!

- Esto lleva tiempo Richard, pero vas a ver, no vas a tener que trabajar más, vamos a poder vivir en Miami.

-¡Todo muy bonito, pero para cuándo!

-Vos sabés que la tramitación es lenta.

Richard, como era su costumbre, le pegó varias bofetadas a Silvia.

-Esto va para que te apures en los trámites- dijo, como si nada.

-¡Mamita! ¿Estás bien?

-Sí, Mía, ¡no seas pesada! Haceme un favor. Salí de mi vista.

-Pero mami, ¿qué te hice?

-¡Andá a dormir ya!

VI.

Otra noche, a eso de las 2 a.m. Mía escuchó que la puerta de su dormitorio se abría, sigilosamente.

-Sh…. Richard a vos, nunca te va pegar, ¿sabés?

-¿Por qué le pegás a mi mamá?

-Porque tu mamá es mala. ¿No ves cómo te grita? Pero Richard no te grita. ¿Verdad que Richard no te grita?

-No.

-Richard es tu amigo.

-Ah.. pero no me gusta que le grites a mi mamá.

-Bueno, si te portás bien Richard no le va gritar más a mamá.

-Yo me porto bien- dijo Mía.

-Si te portás bien hoy y hacés lo que Richard te va pedir.

Richard comenzó a bajar el pantaloncito de piyama de Mía.

VII.

-¡Mi amor, no es cierto, con él no pasa nada!

-¿Qué no pasa nada? Vi como el tipo te miraba el c.,¿ te creés que soy idiota?

-Pero no pasó nada mi amor.

Richard estaba fuera de sí. Se sacó el cinto.

-¡Sacate la blusa!

Silvia estaba inmóvil.

-¡Sacate la blusa, c.!

Silvia comenzó a desabotonarse y Richard con sus propias manos, desgarró toda la prenda.

-¡Ponete de espaldas!

Y le dio uno, dos, tres, cuatro, cincuenta latigazos con su cinto de cuero.

La espalda de Silvia chorreaba sangre.

-¿Te quedan ganas de hablar con él?

-Mi amor no pasó nada…

-¡Todavía me mentís, h.d.p!

Richard sacó una navaja.

.Oíme bien, malparida, la próxima vez te mato. ¡Me entendiste!

TRES MESES DESPUES…

VIII.

-¿Usted es Juan Núñez?

-Efectivamente- respondió papá a la llamada telefónica.

-Le estamos hablando de La Seccional. Lo vamos a molestar, pero ¿puede pasar por acá?

Papá salió desesperado.

-Señor, tenemos una niña que pide por usted.

¿Se llama Mía?

-Sí, efectivamente.

-¿Y cómo Mía llegó acá?

- Es una larga historia, señor. ¿Se acuerda del terrible choque de la semana pasada? Lo dieron en todos los informativos.

-Últimamente no estoy viendo T.V.

-Entraron en colisión un ómnibus de COT, con un Renalut colorado, que venía a más de 250 km/h. Fue un choque frontal. En el auto viajaba una pareja joven. Murieron en el acto. Cuando vinieron a reconocer los cadáveres, nos dijeron que tenían una niña en su poder. Seguimos todos los rastros, y con la ayuda de los investigadores, llegamos a una agencia de tráfico infantil. La niña había sido vendida por 20 mil dólares. Desmantelamos la organización, todos sus miembros serán procesados. Y esta niña, Mía, pregunta por Ud.

-¿Puedo verla?

-Por supuesto señor, pase por acá.

-¡Mía!

-¡Papito! ¡Papito! Mamá me dejó en el pelotero, y me dijo que volvía enseguida, y luego vino una señora morocha, que me dio caramelos, y me llevó a una casa, donde había un tobogán, hamacas, y muchos niños, y me puse a jugar. Pero después vino la policía, y me trajeron. Papito, ¿por qué no vino mamita?

-Mía, mamita se fue de viaje.

-¿Se fue y me dejó?

Anna Donner Rybak © 2010

¿Qué van a tomar?


-¿Qué van a tomar?
- Por acá un café a la Viena.
-¿Y el señor?
-Un cortado largo.

-¿Por qué hoy no tengo escuela?

El 27 de junio de 1973 se escuchaban marchas militares durante todo el día. Estuve como dos meses sin ir a la escuela y me mandaban tareas para repasar en mi casa.

-Dice Esther que este es un pantalón de “milico”
-¡No se dice milico! ¡Se dice policía!
-¿Por qué?
-¡Porque te pueden llevar presa!

1975- “Año de la Orientalidad”. La torre del Palacio Legislativo estaba toda iluminada con luces de distintos colores. El Palacio se podía visitar como museo, un día nos llevaron con la escuela, y nos mostraron las salas de Senadores y de Diputados.

-En 1978, fui escolta de la bandera.
-¡Fá!
-Pasé al liceo con Sote.

En el ’80 estábamos en el balcón mirando una multitud frente al Cine Cordón. “Votemos por el No”, un acto proclamado por los blancos de Ferreira Aldunate. Hasta ese momento no tenía la más pálida idea de lo que había sucedido en Uruguay desde ese día de primer año en que no tuve clase. Ese día renací como “Hija de la Dictadura”:

“La gente llevaba fotos de Wilson Ferreira Aldunate. El acto era en el cine ,pero se llenó enseguida, así que la gente estaba en la calle. Se llenó la cuadra. Cuando el acto terminó, la gente empezó a salir y a caminar.. En ese momento, por la vuelta de Martín C. Martínez, aparecieron un montón de milicos a caballo, estaban esperando. Pasaron por encima de la gente, los molieron a los palos.“

-¿Qué van a votar tus padres?
-El ¡SI!
-¿Los tuyos?
-El ¡NO!

“Primero de Marzo de 1985. EL RETORNO A LA DEMOCRACIA. Día inolvidable. Podíamos escuchar música en castellano. Zitarrosa, Viglietti, nuestros. De Argentina vinieron Charly García, Nito Mestre, Mercedes Sosa, también cantó Silvio Rodríguez, y Pablo Milanés. La música también era libre.”

No más palabras prohibidas, censuradas, robadas, analizando el momento justo para decirlas.

-No entiendo a la gorda. Te juro que no le hice nada. ¿Será porque no fui al entierro de su abuela? Yo no voy a los cementerios, les tengo miedo.
-¿Querés saber por qué la gorda no te quiere?
-¿Por qué no me quiere? ¡No le hice nada!
-Un día me preguntó si me gustaba alguna chica de nuestro grupo.
-¿Y qué le dijiste?
- Que me gustabas vos.

-¿Te puedo dar un beso?
-Quiero, pero no sé si debo.

-¿Te casás? ¡No lo puedo creer! Sos la primera de todas.

-Estabas preciosa con ese vestido.
-No era mío, me lo prestaron.
-¿Te prestaron el Vestido de Novia?
-Fijate que me quedó perfecto, y no me salió nada.
-Yo lo tengo colgado en el ropero.
-Yo también. Capaz lo reformo y me hago un vestido corto.

-¿Dejaste la facultad? ¿Por qué?
-No me gustaba la carrera. Era muy técnica. Yo quería más arte.

-¿A qué te dedicás?
- Soy profesora.
-¿Y qué enseñás?
-Lógica, y Programación de Sistemas.
-¿No tenés otro trabajo?
-Estoy buscando, pero de mientras…

-Despertate, ya podés.
-Vamos.
-Esperemos.
-Mirá vos.
-Dos rayas.

-Siento náuseas todas las mañanas.
-No te preocupes, eso es ahora los primeros meses. ¿Fecha de U.M?
-Fá… no me acuerdo.
-Pero más o menos, aproximada.

-Estás muy bien. No engordaste casi nada.
-Realmente me siento muy bien.
-Igual te voy a dar unas vitaminas.

-Ustedes son madres primerizas. Si tienen una contracción, por favor, no vayan corriendo a internarse. Las van a mandar a la casa.

-Me duele la panza.
-Esperá, aguantá un poco.
-Me duele mucho.
-Bueno, vamos.

-¿La vas a mandar a una guardería? ¡Se va enfermar!
¿Viste?, tira a la beba todo el día en la guardería.

-¿No la vas a mandar a colegio judío?
-Ni loca.
-¿Por qué?
-Porque todos fomentan el Materialismo, y no quiero esa educación para mi hija.

-¿No tiene hambre? ¡Veníquelabuelatevadarlapapa!
-Que juegue un ratito más, no se va morir porque coma media hora más tarde.

-¿Sabés que la nena está muy flaca?
-Sí, yo la veo muy menudita…
-Y bueno, no le dan de comer…
-Es que la madre no está nunca.
-¿Y no tiene una empleada?
-¡No! La tira todo el día en una guardería.

-¿Conseguiste otro trabajo? ¿No será mucho?
-Es sólo por ahora. Falta poco para el 2000, y tengo que aprovechar.
-Que divina, se te ve tan cansada…

-¿Y porqué tenés depresión? ¡Si no tenés ningún problema!

-Esta chica tiene mucho tiempo libre. Si se ocupara de su casa, su marido y de sus hijas como corresponde, no le daría el tiempo para deprimirse. ¡Pobre mi hijo! Con todo lo que trabaja, y llega a la casa, y ella está llorando.

-¿Comiste? ¿No querés que te haga una costillita? Seguro que en tu casa no hay..
-Bueno…

-Y bueno, si querés estudiar canto, estudiá, si eso te hace feliz…

-¿No querés oir el tema que grabé?
- Ya va…
- ¿Qué te parece?
- Está bien. Ah, empieza el informativo.

-¿Me tengo que fumar todo el espectáculo para ver tu número? Avisame a la hora que cantás, que llego y me voy.
-No hay problema.

-¡Mirá, escribí una columna y me felicitaron!
-Que bien.
-¿Te la puedo mostrar?
- Bueno, dale.
-¿Y, qué te pareció?
-Está bien.

-Me van a colgar los cuadros en la fiesta del año del Espacio Literario. Además vamos con el coro. No te preocupes, sé que estás muy cansado.
-Y sí, es en la semana.

-Me quiero separar.
-Perfecto.

-Estoy confundida.
-¡Yo sabía! ¡No te quiero ver nunca más en mi vida! ¡Nunca vas a ser feliz! Agarrá tus cosas y andate ahora mismo.
-Yo de acá no me voy.
-¡Yo tampoco!

-Mirá, sé que somos muy distintos, pero yo te quiero, ¿qué voy a hacer?
-Pero yo no te quiero más.
-¿Por qué?
-No te quiero más y punto.

-No te soporto más. Me aburrí.
-¿Es por mi depresión?
-Y digamos que no es lo más agradable. ¡No te tengo más paciencia!
-Bueno, andate.
-No, yo de acá no me voy.

-¿Te pasás todo el día llorando? ¡No te soporto más!

-Mamá, en las casas de mis amigas siempre hay comida fresca, acá siempre hay comida hecha.
-Sabés que no estoy pasando por un buen momento.
-Ah, estás enferma pero ¡ tenés tiempo de estar en la computadora todo el día!
-Yo la uso para escribir.

-Esta semana me voy.
-Bueno.

-Mamá, ella se va con papá, porque vos estás muy débil, yo me quedo contigo, lo decidimos entre las dos.
-Está bien.

Una hija se fue.

-¿Sabés qué? ¡Todavía que soy la única que te escucha sos tan egoísta! ¡No me vas a ver nunca más!

Otra hija se fue.

-No sé cómo voy a seguir la vida.
-Es duro, pero no te queda otra.

-¿Les traigo la cuenta?
-Así está bien.
-Muchas gracias.

Anna Donner Rybak © 2010
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