Chica Bien.


"Cerca del océano el mundo tiene presos inocentes
Están encerrados y no tiene miedo
Los torturan, les arrancan la voz
y mientras esperan en la arena
otros encienden la calefacción
y se sientan a olvidar" (Joaquín Doldán).



-¿Y?
- ¿Y, qué?
- ¿Qué te parece la última novia de Juan?
- Es bien... ¿no?
- Si, re-bien.

- Tenías que ver qué simpatica estuvo ayer durante la cena...
-Pobre chica, qué nervios habrá pasado...
-Pero pasó con ¡sobresaliente!
-Si, ella nunca pelea con nadie...
-Es una chica bien educada...
-Es muy respetuosa... supongo que al fin Juan sentará cabeza, esta es La Mujer Indicada.

-Este Juan, todos los dolores de cabeza que les trajo a Leonardo y Marita...
-Pobres, mirá que le he conocido a cada novia... Tuvo una que no decía una palabra, era mona, pero qué se yo, estás en una mesa, y tenés que sumarte al diálogo... Pero la loca decía muy descaradamente que hablaban estupideces, y no tenía nada para aportar..
-¡Menos mal que Juan la dejó! Si se hubiera quedado con ella, pobres Leonardo y Marita, toda la vida hubieran sufrido. Era de esas que viste, nunca sabés con qué martes trece te va salir.

-¡Ay, sí! Yo la vi una vez, todavía me acuerdo, casi me meto abajo de la mesa, no sabés las cosas que dijo. Resulta que Diego ¿lo tenés a Diego, el hermano de Juan? , bueno la novia dijo que esa gente está así porque es así...

-¿Esa gente?

-Ella hablaba de los que entraron en el Plan de Emergencia... y para mí tenía toda la razón, fijate, una manga de haraganes, ¿y les tenemos que pagar en sueldo entre todos? Entonces, ella, primero la miró a la novia de Diego, tenía una cara de loca, no te imaginás... Y así, la muy desvergonzada le dijo que le daba asco la gente como ella... La novia de Diego quedó de cara... Pobres Leonardo y Marita, se morían de la vergüenza con la novia de Diego... Pero ella, tan educada, no le respondió nada, eso demuestra que es bien, no en vano ahora Diego formó una bella familia, pero Juan.... esperemos que esta sea la última...

-Sí, la novia de Juan es muy educada, jamás te va mirar con cara de loca o dejarte de hablar... Además es muy "bien", los otros días dijo que estaba sufriendo mucha angustia porque el mundo está mal... porque existe gente pobre... fijate que buen corazón tiene...

-Ahora que decís esto, me acuerdo que "La Loca", otro día se mandó otra de aquellas. Marita comentaba en la mesa, que no pudo terminar de ver "Babel" porque le daba asco el hombre de la cueva que le faltaba un diente... y Marita tenía razón, de veras, a todos les faltaban los dientes... ¿vos viste "Babel"?

-Pah, creo que sí, con Brad PItt, ¿no? Me encantó cuando al final se quedaron juntos...
-No, esa es "Quien le teme a Joe Black".
-Ah, me confundí...
-No importa. Te cuento muy por arriba, Brad Pitt y su esposa, no sabés que divina, creo que era Cate Blanchet, no ne acuerdo, iban en un ómnibus, y de repente estas bestias de las cuevas, porque, ¡vivían en cuevas!

-¿Pero existe gente que ahora vive en cuevas?

- Sí,por allá, por Marruecos, o los beduinos del desierto...

-¡No te puedo creer! ¿Existen beduinos ? Yo creí que eran de "Las Mil y Una Noches"

-Yo tampoco creía que existe gente que vive en cuevas, pero pregunté después de salir del cine si esa historia era real, y viste, estábamos en barra, y viste, Ernesto, el de lentes, que se pasa todo el día leyendo, ¡es un ratón de biblioteca, juá juá! Bueno, Ernesto me preguntó si yo vivía en este mundo.

-¡Qué tarado!

-Y bueno, por algo siempre está metido entre los libros... es tan feo que no tiene con quien salir.

-¡Ja ja! Le va costar encontrar una mujer, bueno,lo único que podría conseguir sería a la hija de la siervienta, ja ja. Pero te sigo contando, Marita decía que esa gente es impresentable, que le da asco verles la boca, las uñas sucias, también hay mujeres, ¡no se lavan!

-¿Como que no se lavan?

- No, hacen todo eso, y ta, creo que no usan bombacha, pero imaginate, deben tener un olor...

-¡Qué asco! ¿Y qué pasó con la loca?

-Pah, le dijo a Marita que si eso era todo lo que tenía para opinar de la gente,¡que la despreciaba y deploraba! ¡Le dijo a Marita que no tenía corazón! Pobre Marita, mirá si justo ella no va tener corazón, que todos los años se pone con la parroquia por los desposeídos...

-Seguro que "La Loca" no tiene ni idea...

-No, si tenía, y ahí me quise matar. "La Loca" le dijo que era bárbaro estar calentita en la casa, mirando Babel en DVD en su plasma, o mirando el informativo, y todavía "La Loca" le dijo: ¿vos querés acompañarme a un lado? Imaginate,Marita se quedó petrificada. "La Loca" le dijo: "Vieja de mierda, yo te voy a llevar al asentamiento y te voy a sentar a la mesa con "esa gente", ¿te creés buena por poner una guita? , dale, ¿venís conmigo? - le seguía diciendo "La Loca". Marita le dijo y admiro su paciencia que a estas horas, no pretendería que se fuera a meter en un lugar de esos, que no pensaba ir a donde la fueran a robar.. Mirá que Marita tiene una paciencia...

Anna Donner Rybak © 2011

SIMONE II


Segundo Acto
El segundo sexo: un Otro.

Yo estaba entre los estudiantes más destacados. Era vehemente cuando expresaba mis opiniones y filosa en la polémica. Los varones me buscaban y se enorgullecían de mi amistad.

Un día, René Maheu, que formaba con Paul Nizan y Jean Paul Sartre un trío inseparable, me entregó un dibujo que Sartre había hecho para mi. Me hice amiga suya, y me habló de la Cosmología eugénica, que había compuesto a partir de un personaje de Cocteau.

"La casta superior es la de los Eugenios, está formada por Sócrates, por Descartes, y en la actualidad por Nizan, Sarte y yo. Luego están los Marranos, que nadan en el infinito y los Mortimer, que nadan en el azul. Usted está ubicada entre las mujeres humosas, que tienen un destino. También hay animales metafísicos: el catoblepas, que se come los pies, el catoborix, que se expresa con borborigmos, y casi todos los colaboradores de la Nouvelle Revue Francaise. Se lo digo, Simone, todo pensamiento de orden es una tristeza insoportable. El Eugenio trata de hacer de su vida un objeto original y alcanzar cierta comprensión de lo que es único. Usted pierde su tiempo con gente que no vale la pena. Me pregunto qué lugar queda para mí en medio de la banda que la rodea. Usted es un castor. Los castores andan en banda y tienen espíritu constructivo. Sartre quiere conocerla."

Me sumo a "Los compañeros"

Comprendí rápidamente que Sartre los aventajaba a todos en sus conocimientos.

SARTRE SE CORRESPOPNDIA EXACTAMENTE CON EI IDEAL QUE ME HABÍA HECHO A LOS QUINCE AÑOS. ERA UN ALMA GEMELA EN LA QUE ENCONTRÉ, INCANDESCENTES, TODAS MIS PASIONES.

Deshacíamos todos los idealismos, nos burlábamos de las almas nobles, de todas las almas y los estados de ánimo, de la vida interior, del misterio, de las elites. Planteábamos que los hombres no eran espíritus sino cuerpos prisioneros de sus necesidades, arrojados en una aventura brutal.

Cuando conocí a Sartre, él ya tenía esbozadas las ideas que estructurarían su obra filosófica. Me sentí por primera vez en inferioridad de condiciones. Sartre apoyó mi proyecto de escribir, pero yo descubrí que la novela que estaba haciendo presentaba mil problemas en los que no había pensado. Los demás tenían más claro como encararían sus obras; yo tomé conciencia de que mi camino recién se iniciaba. Fue la primera vez en mi vida en que me sentí intelectualmente imferior a persona alguna.

En otoño de 1929 Sartre y yo formulamos nuestro compromiso del Carrousel. Sartre no tenía vocación por la monogamia. No pensaba renunciar a la diversidad.

"El nuestro es un amor necesario. Conviene que conozcamos también amores contingentes".

El pacto incluía la transparencia,nos contaríamos todo, incluyendo los amores "contingentes".

Mi misión era tomar conciencia del esplendor de la vida. Tenía que escribir ese esplendor para rescatarlo de la nada. Sartre vivía para escribir, él quería testimoniar todas las cosas, exponerlas. Nos parecía inevitable que cada uno de nosotros cumplera su misión. Escribir, crear. Nos atrevíamos a esa aventura creyéndonos dueños absolutos de nosotros mismos.
...
Poco quedaba de mi solitaria adolescencia: tenía muchos amigos y la relación amorosa con Sartre tomaba diversas formas. Había tenido mi primer "amor contingente", Jacques Bost, discípulo de Sartre.

"Me acosté con el pequeño Bost hace tres días. Fui yo la que se lo propuso, por supuesto. Tu castor. "

Sartre aceptó, era parte del pacto.
Muchos hombres me hicieron comprender que era atractiva.
...
En mi juventud había sido dominada por dos preocupaciones: vivir intensamente y realizar mi vocación de escritora. Mi empresa Había sido mi propia vida. Tenía dos propósitos: ser dichosa y entregarme al mundo a través de mi obra. Era feliz gracias a mi relación con Sartre de modo que sólo me preocupé por tener una experiencia de vida lo más rica posible. Veía cosas insospechadas y las investigaba con tenacidada: la cultura, las gentes, el mundo.

Queríamos ver todo por vez primera, descubrir, inventar. Ya habíamos inventado nuestra relación y nuestra libertad.

"El hombre debe ser creado de nuevo"-"Un día la gente se sacudirá su esclerosis e inventará su vida, como nosotros hacemos ahora".

EL SEGUNDO SEXO

La idea de escribir "El segundo sexo" surgió por casualidad. Quería escribir una novela de sobre mí misma, y me dí cuenta de que para hacerlo debía indagar sobre la condición femenina.
Comencé mi investigación en octubre de 1946. Hice un ensayo sobre los mitos que los hombres habían creado acerca de la mujer a través de las cosmologías, las religiones, las ideologías y la literatura.

Mi tesis central era de una audacia infinita. Afirmaba que la mujer es el otro de la cultura y que esto era así por la opresión de los hombres sobre las mujeres, y que el universal era masculino.

Era extraño y estimulante descubrir a los cuarenta años un aspecto del mundo que hería mi vista y antes yo no veía. Pero Sartre me decía que debía agregar la historia y también las bases fisiológicas de la diferencia entre el hombre y la mujer.

¿Qué quería decir ser "el otro"?

El sometimiento de la mujer se iniciaba en una operación de la conciencia. El sujeto (hombre) se definía a sí mismo separándose de lo Otro. Así quedaban dos términos formados: el Sujeto, que es libre y el Otro, considerado como un objeto. Lo que definió la situación de la mujer es que se descubrió y se eligió en un mundo donde los hombres le imponían que se asumiera como el Otro.- "Todo conjunto humano incluye a un otro¿Cómo se supera esa situación?"- me preguntaban.
Cuando el Otro era un sujeto, luchaba para lograr la reciprocidad. Así era como se llegaría a la verdadera situación de alteridad.

La fórmula de la relación de la alteridad entre el hombre y la mujer, sería que la mujer fuera Otro, era diferente, pero también era un sujeto. La mujer era libre y se realizaba en su proyecto.

¿Qué problemas trataban "El segundo sexo"?

Cada vez estaba más sesgura de que la mujer no nacía, sino que se hacía. Había revisado todas las teorías de cada disciplina para evaluar qué aportaban al problema de la mujer. Y conclluí que sobre ella no pesaba ningún destino, ya fuera fisiológico, psicológico o económico. La mujer podía ser tan autómata como el hombre.

Seguí el consejo de Sartre y me sumergí en los libros de fisiología y de historia. Hice un inventario de todo lo que había aparecido en psicología y sociología. No me limité a una compilación. los prejuicios de los investigadores, mujeres y hombres aparecían con toda claridad. Me dediqué a reestablecer "los hechos"; discriminándolos de los preconceptos.
Antes se adjudicaba la diferencia entre el hombre y la mujer a su función diferente en la fecundación. pero ahora la biología establecía que los organismos machos y hembras no eran diferentes. Por el contrario, eran simétricos y complementarios.

Cuando recorrí los grados de la escala anaimal, noté que la vida se individualizaba de abajo hacia arriba. En las especies más primitivas la vida se empleaba para el mantenimiento de la especie, mientras que en las más desarrolladas aparecían los individuos singulares. La vida adoptaba las formas más complejas y se individualizaba en los mamíferos.
La separación de los dos momentos vitales, mantener y crear se realizaba de una manera terminante en los mamíferos: la madre tenía con la cría relaciones sumamente estrechas (matenía la vida) y el padre se desentendía de ellas (se dedicaba a crear).
Todo el organismo de la hembra estaba adaptado a "la servidumbre de la maternidad". La iniciativa sexual quedaba en manos del macho.
La hembra era prisionera de la especie.

La vida entera de la hembra estaba regulada por un ciclo sexual que estaba ligado al celo. Era el ciclo del estro.
La hembra era pasiva cuando estaba en celo. Era tomada por el macho. El la inmovilizaba y realizaba los movimientos activos del coito. La penetraba: tenía que vencer una resistencia. La hembra aparecía como una interioridad violada.
La hembra sufría el coito, que la separaba de sí misma por la penetración y la fecundación interna. La aventura sexual era vivida por ella como una experiencia interior y no como una relación con el mundo y con el otro.
La diferencia fundamental entre el macho y la hembra mamíferos consistía que para el macho , en el mismo momento en el que su vida trascendía en Otro, el espermatozoide se desprendía de su cuerpo. El proceso de la hembra era inverso: el óvulo había empezado a separarse de ella cuando se desprendía del folículo, pero penetrado por una célula extraña se instalaba en el útero.
Entre los mamíferos, el macho luchaba por su autonomía. Era más grande, más rápido y más aventurero. Su vida era más independiente, sus actividades eran más libres. Era siempre el que mandaba en las sociedades animales. La hembra, en cambio no se afirmaba en su individualidad. No se oponía a los machos ni a las otras hembras. Aceptaba sin elegir, al primer macho que aparecía.

La individualidad de la hembra estaba frenada por el interés de la especie. Perecía poseída por potencias extrañas.

A medida que era mayor la individualidad, la oposición entre los sexos se acentuaba. El macho diversificaba sus actividades.
En la hembra se agudizaba el conflicto entre sus propios intereses y los de las fuerzas generadoras que la habitaban. Esto se expresaba en que el parto era más difícil y peligroso.
La mujer era la más individualizada de las hembras y también era la más frágil, la que vivía más dramáticamente su destino y la que se distinguía más profundamente de su macho.

Entre la pubertad y la menopausia se desarrollaba en la mujer el complejo proceso de la menstruación, que conmocionaba su organismo. Casi todas las mujeres sufrían turbaciones durante ese período, provocadas por la inestabilidad de la hipófisis y de la tiroides: gran fragilidad nerviosa, cefaleas.
Durante la menstruación la mujer experimentaba del modo más penoso, que su cuerpo era una cosa oscura y extraña.
La mujer, como el hombre era su cuerpo. Pero su cuerpo era distinto de ella.
La gestación era un trabajo que no ofrecía a la mujer ningún beneficio individual, pero que le exigía sacrificios notorios. En los primeros meses solía tener falta de apetito y vómitos.

El mismo parto era doloroso y peligroso. Así se manifestaba la rebelión del organismo contra la especie.

En esa crisis se veía que el cuerpo no siempre satisfacía a la especie y al individuo a la vez. Podía suceder que el niño muriera , o que al nacer matase a su madre.

"¿A quién salvamos? ¿Al niño o a la madre? - Salve al niño."

La lacancia también era una agotadora servidumbre. La subida de la leche era dolorosa y traía fiebre. La madre alimentaba al niño a costa de sus propias fuerzas.

Las mujeres encerraban dentro de sí un elemento hostil, era la especie.

El ciclo generador concluía por medio de una crisis también dificil: la menopausia.

El organismo femenino tenía una inestabilidad que no presentaban los varones, había alteraciones en la fijación del calcio y fenómenos nerviosos.

El conflicto especie-individuo daba al cuerpo femenino una fragilidad inquietante.

En ninguna hembra la esclavitud del organismo a la función reproductora era tan fuerte y rechazada como en la mujer: la crisis de la pubertad, y la menopausia, la maldición menstrual, el embarazo largo y difícil, los partos riesgosos.

Su destino se volvía más pesado cuanto más se rebelaba contra él al afirmar su individualidad. El macho, en comparación, aparecía como un privilegiado. Su vida genital no se oponía a su existencia personal. Se desarrollaba de manera continua, sin crisis y sin accidentes.

La debilidad, la inestabilidad, la falta de control y la fragilidad relativas de la mujer eran hechos que provocaba que su aprehensión del mundo fuera más limitada. Y que también tuviera menos firmeza y perseverancia en sus proyectos. Y era menos capaz de realizarse.

Su vida individual era menos rica que la del hombre.

El inmenso progrreso realizado por el psicoanálisis consistía en considerar que todos los factores de la vida psíquica tuvieran un sentido, un sentido humano. En concreto, no existía el cuerpo tal como lo describían los sabios, sino el cuerpo vivido por el sujeto.

La naturaleza no definía a la mujer. Era ella quien se definía a sí misma. Ella recreaba su naturaleza femenina a través de su afectividad y de sus vivencias.

La mujer era una hembra en la medida en que se experimentara como hembra.

Fuente: Simone de Beauvoir para principiantes (Analía Efrón, Luis Roca).

Anna Donner Rybak © 2011

Mujeres y Letras

SIMONE


Primer Acto.

MUJER – HOMENAJE

8 de marzo Día internacional de la Mujer

Biología sin destino; la mujer no nace, sino que se hace.

Mientras miro atrás y veo a esa criatura adolescente, me asombra ver como fui estafada. A la larga, todo cuanto uno creyó ser, en verdad fue un mero existir. El interlocutor de los intelectuales son las masas, y no el entablishment.

Sufrir las contradicciones del mundo no sirve de nada, pero olvidarlas es mentirse. Las palabras, universales, eternas, presencia de todos en cada uno son lo único trascendente que reconozco y me emociona; vibran en mi boca y mediante ellas comulgo con la humanidad.

Un día me dije:"Tengo cuarenta años". Cuando desperté de esa perplejidad, tenía cincuenta. El estupor que entonces se adueñó de mi todavía no se ha disipado.

La entrada de la casa de mi niñez estaba ubicada entre los cafés "La Rotonde" y "Parnasse". “La Rotonde” se llenaba desde las diez de la mañana con gente que tomaba parada o sentada. Escuchaban jazz, la "música negra" tocada al piano. Ahí se emborrachaba Modigliani, que vendía sus cuadros por monedas.

Mis padres formaban una curiosa pareja.

Papá, un parisino cosmopolita, estaba tan convencido de su superioridad con respecto al mundo, de su refinamiento y de sus dotes espirituales que no emprendió ninguna tarea que le haya dado dinero. -La nobleza es un rasgo espiritual. Una mujer es lo que su marido hace de ella- decía.

Mamá, una católica devota, de provincia, se casó con mi encantador padre, siendo una bella heredera, pero sus padres (mis abuelos) no recibieron la dote prometida. Mi abuelo se fue a la quiebra y a la cárcel tiempo después de su casamiento. Entonces los sueños de papá se hicieron humo porque se había casado con mamá para darse la gran vida. Mamá siempre se sintió culpable: "El no ha nacido para tareas menores".

A papá no le gustaba la profesión de abogado pero el teatro fue su verdadera pasión. Crecí viendo a mis padres representando funciones a beneficio y en salones privados.

De muy chica sorprendí a todos con mi precocidad, a los tres años yo leía y recitaba fábulas y largos poemas que papá me enseñaba.

Aprendí de mamá a controlar mi lenguaje, a censurar mis deseos, a decir y a hacer lo que exactamente se debía decir y hacer. - De nuestra obediencia y de nuestra piedad depende que Dios salve a Francia.

A los siete años fui una niña modelo. Me había influenciado mi confesor, el Padre Martín. Me gustaba oír en la mañana gris el ruido de nuestros pasos sobre las losas, sentir el olor del incienso y el vaho de las velas. Me arrodillaba a los pies de la Cruz soñando con la taza de chocolate que me esperaba en mi casa.

Yo era tan piadosa como mi madre; para mi no había diferencia entre su mirada y la de Dios.

A los trece años, me flagelaba en secreto, esperando que se abrieran para mi los misterios de la Santidad.

A medida que yo iba entrando en la adolescencia, mis firmes creencias de la infancia se iban agrietando cada vez más.

Un verano, mi madre dejó pasar un libro sin censura. Vi escenas de amor ardiente y desde entonces me entregué a mis fantasías eróticas antes del sueño.

A los quince años era presa de un arrebato sexual muy violento, sin tener la menor idea de qué se trataba. Sentía muy vagamente que me faltaba otro cuerpo. Cuando fui a confesarme con el padre Martín me decepcioné gravemente. Mientras mi confesor me hablaba, una mano imbécil se había abatido sobre mi nuca, doblaba mi cabeza, pegaba mi cara contra el suelo. A partir de entonces nada se interpuso en mi camino hacia el escepticismo. Nada me haría renunciar a las alegrías terrenales. Me resultaba más fácil pensar en un mundo sin creador que en un creador que sufriera todas las contradicciones del mundo. Por vez primera me enfrenté con el miedo a la muerte.

Mi madre tenía autoridad sobre mí. Yo la respetaba. Había adquirido sus mismos valores, el deber, el mérito. Y los tabúes sexuales siguieron siendo centrales en mi vida. No le conté a nadie mi crisis espiritual y seguí comulgando. Sufría por sentirme marcada, vacía, separada.

A partir de entonces elegí mis propios libros y algunas lecturas me hicieron cambiar la opinión que tenía de mi misma. "Soy valiosa. Me atrevo a ser yo misma".

Una tarde, a los catorce años, estaba ayudando a mi madre a lavar los platos. Por la ventana vi otras cocinas donde otras mujeres frotaban cacerolas o pelaban verduras. Me pregunté: "Estas horas infinitamente repetidas y que no llevan a ninguna parte: ¿Viviré yo así? Si no hay ninguna meta ¿para qué caminar? NO, NO ME CASARÉ NI SERÉ AMA DE CASA, MI VIDA CONDUCIRÁ A ALGUNA PARTE."

Comencé a imaginar un amor en el cual el intercambio intelectual fuera intenso.

Mi hermana ya no me idolatraba, mi padre me hallaba fea, mi madre desconfiaba del oscuro cambio que adivinaba en mi.

Zazá era mi mejor amiga desde los diez años. Compartíamos el mismo banco de la escuela. Era morena, desenvuelta, descreída. Zazá marcó mi juventud. Nos llamaban "Las Inseparables". Sus padres me toleraban las conductas que los míos me prohibían. Conversábamos de nuestros estudios, nuestras lecturas, de lo que conocíamos del mundo, no de nosotras mismas. Yo no pretendía que Zazá sintiera por mí algo tan definitivo como yo por ella: me bastaba ser su compañera preferida. La admiración que sentía por ella no me disminuía a mis propios ojos.” (Memorias de una joven formal)

Zazá descubrió antes que yo que estábamos rodeadas cristiana falsa. Queríamos salir del mundo en que vivíamos, al que sentíamos hipócrita.

Cuando abandoné la fe y la obediencia Zazá fue mi sostén. Compartíamos un gran deseo de felicidad. Hablábamos de lo que quería cada una para el futuro.

Yo quería trabajar, ser independiente, y concebía el amor como una relación entre dos compañeros, y él debía ser culto, superior. A Zazá solo le importaba la sensibilidad, el entendimiento. “El podría ser un obrero”, me decía. Juntas nos enfrentábamos a la mediocridad del Colegio. Discutíamos con ardor cada concepto y chocábamos con las limitaciones y pacaterías del ámbito escolar.

Decidí dedicarme a la vida intelectual, ser profesora y escribir. Pasé brillantemente mis exámenes, terminé el colegio y elegí mi carrera. Quise doctorarme en filosofía en La Sorbona, y las profesoras del Colegio pusieron el grito en el cielo para inquietar a mi madre. Le decían que la filosofía corroía mortalmente muchas almas y que en un año en La Sorbona yo perdería la fe y las buenas costumbres. Mas mi padre, aprobó mi proyecto, y me dijo que sería profesora de liceo. Entonces acepté estudiar letras y no filosofía. Mi madre pensaba que la literatura era menos sacrílega.

Al mismo tiempo me enfrenté con varias versiones de la moral sexual. Me molestaba que se impulsara a los muchachos a iniciarse sexualmente con chicas de clase inferior y que a las mujeres se les exigiera pureza. Yo era demócrata y romántica. Quería que la pureza fuera un deber para todos. Pensaba que cuando encontrara al verdadero amor me entregaría en cuerpo y alma. No me gustaba el sentido práctico de mis primas, que se permitían licencias con sus amigos, pero cuidándose de permanecer vírgenes.

Ya era grande. Mi primer viaje sola. Estaba actuando bastante bien. Pero todos esos hombres que me miraban me ponían nerviosa.

Yo era una estudiante entusiasta y rigurosa. Haría la licenciatura en letras con Zazá en la Escuela Normal de Neuilly. Estudiaría matemática general en el Instituto Católico y cursaría filosofía en La Sorbona. ¡Había logrado ser una estudiante!

Un día mi madre consideró que había llegado el momento de hablar de sexo conmigo. Yo temía a ese momento. Me dijo que había “ciertas cosas” que “tenía” que “saber”. Entonces le respondí: “Ya las sé”. Ella, piadosa me contestó: “Dios va guiar tus pasos” . Entonces tomé coraje y le dije “ya no creo más”. Ella me respondió: “¡Pobrecita! Si no crees en Dios no podrás ser feliz”. Me sentí muy aliviada. Por fin me había sacado la máscara.

Ya no me encontraba a gusto en casa. Desde mi confesión de la crisis religiosa, mi madre había dejado de hablarme. Entonces esperé complicidad por parte de mi padre, pero él también me rechazó. Me dijo que me pasaba todo el día metida en libros. “Tu prima es graciosa y conversadora. Tú nunca hablas cuando ella viene a tomar el té”. ¿Qué demonios quería? El mismo había elegido para mí tres carreras difíciles. No podía esperar eso de mí, estudiaba todo el día y no podía dedicarme a frivolidades.

Mi padre comenzó a sentir resentimiento cuando me vio estudiar. El hubiera preferido casarme con un hombre distinguido y volver así a un círculo social superior. Mis profesores le parecían unos pedantes que tenían ideas distintas a las suyas. Mi padre creía en la nación, en la raza, en la casta, en la familia, en la patria. Yo, creía en los derechos del hombre, el pacifismo, el internacionalismo y el socialismo.

La literatura tomó el lugar que había ocupado la religión en mi vida. Antes había leído solamente a los autores clásicos, que eran como monumentos: grandiosos pero ajenos. Los libros de escritores contemporáneos que ahora leía eran de hombres de carne y hueso, y hablaban de la vida actual.

El conflicto estalló. Mi padre sostenía que la literatura contemporánea era decadente e inmoral. Comenzamos las discusiones por aquellos autores, y las continuamos con los valores de la vida.

En cuanto abría la boca, les daba de dónde agarrarse, y me encerraban de nuevo en ese mundo del que había tardado tantos años en evadirme, donde cada cosa tiene su nombre, su lugar y su función. Donde el odio y el amor, el mal y el bien son como el negro y el blanco. Ese mundo bañado de una implacable luz, que la sombra de una duda no roza jamás. Prefería guardar silencio” (Memorias de una joven formal)

Los escritores de la nueva generación también se habían rebelado contra los padres, la familia, la tradición. Se proponían ser auténticos y entendían la sinceridad con uno mismo. Para lograrla, se detenían en el análisis detallado de cada estado de ánimo. Estaba bien visto mostrarse inquieto, insatisfecho. Y yo me entregué a la inquietud.

Ya nadie creía que debía importar el bien y el mal, sino en que el hombre debería realizar su destino por el camino del bien o por el del mal, sin importar moral alguna. Admitían los actos inmorales siempre que fueran gratuitos, desesperados y rebeldes.

Comencé a flirtear con mi primo Jacques, un joven inquieto. Hablábamos durante horas del arte moderno y de sus proyectos literarios. Me prestó más libros. Así como él, me introduje en el arte moderno, las obras de Picasso, Braque o Matisse.

Me enamoré de Jacques en silencio. Pero él tenía una vida de la que yo no participaba. Frecuentaba los bares de Montparnasse, por donde habían pasado Trotski, Lenin, los cubistas, los surrealistas; era el comienzo de la contracultura, las drogas y el amor libre.

Mi amor por Jacques me atormentaba. El tenía un ánimo cambiante que me hacía dudar de sus sentimientos. Pero cuando él pareció definirse, yo comencé a dudar de mi propia aceptación. Me parecía que Jacques era poco serio y sospechaba que su rebelión contra la familia terminaría cuando se casara.

Jacques me había desilusionado. Nada me interesaba. Nunca sería feliz, nunca encontraría a alguien como yo.

Fuente: Simone de Beauvoir para principiantes (Analía Efrón, Luis Roca).

Anna Donner Rybak © 2011

Tranvía ACDC.


Espías en la facultad al viejo gordinflón, ¿qué le ves?, ¡Es un Maestro! ¡Mira su modelo! ¿Pos mija que Ud. no tiene un novio? Voy con él a la facultad, (silencio), Pos chica ¿es que tú estás bien? Dolorida. Mija, ya pasa. Lléveme al hospital. ¿Cuánto dormí? ¡No puedo moverme! ¡DUELE! ¡DUELE MUCHO! Desespero. Tranquila chamaca, traeremos sus pinturas. Con el dedo gordo del pie tracé aquel extraño mundo, mi novio se fue a París, ¡Hoy pude sentarme! No me gustan las sillas de ruedas, ¡alcáncenme un bastón! ¡Pos chamaca, no se agote! ¡No soy una inválida! Han pasado los meses, me acerco al Maestro, tengo una carpeta con bocetos. ¿Quién eres tú? No tengo tiempo, échale una vichadita, pos ven. Pero sí que eres buena...

Voy con el Maestro a una fiesta, el bastón ya es historia, llevo el dolor al inconciente, y bailo, y bailo, y bailo, y camino con dificultad, y el Maestro me coloca a su altura, Estoy enamorada, ¡Mijita, pos no ve que es muy mayor?, ¡Tómenos una foto!,¿Así, vestida de hombre?

El maestro y yo nos casamos, en Estados Unidos lo quisieron corromper, había mucho dinero en juego, pos volvimos a casa, dicen que los mundos que creo son espeluznantes, pobres, no comprenden, dos son las fracturas, la de mi columna, que me provoca dolores insoportables, que estoicamente soporto, y ahora, la posibilidad de engendrar vida. Nado en sangre mezclada con lágrima, ¡y estos malditos se asustan del rojo de mis cuadros! ¡Cobardes! Está enloqueciendo, Siempre fue muy extraña.

¡Con mi hermana! ¡Miserable! ¡Jamás te voy a perdonar! ¡No quiero irme! ¡Andate! ¡Pos mija, tenía razón tu madre!

Trepo la pirámide con el fugitivo Trosky, ¡Sí que eres valiente! Te amo. ¿Y Don Trosky? Pos chamaca, esta mañana tuvieron que irse.

Mija, muéstreme ese dedo, está violeta. Me siguen sacando pedazos.¿Qué quedará de mi?

Me han construido un lecho de bonita madera labrada, ya no puedo sentarme, sigo, pintando. ¡Gordo, ha vuelto!, no puedo vivir si tí, no me dejes.
Se inauguró mi muestra. ¡Quiero ir!¡El médico lo tiene absolutamente prohibido! ¿Qué médico? ¡Carguenme!

Llego a mi momento de gloria, transportada en un altar de madera. Me vitorean.

Gordo, vas a estar bien, no te vayas, Gordo soy feliz.

Me tuve que ir.

F.K. In memorian

Anna Donner Rybak © 2011

La Mujer vestida de Negro.


-Ella vive en una burbuja. ¿Acaso eso es normal?
-No sé.
-¡No habla con nadie! Es antipática. Se cree que sabe todo.¡Y los demás no sabemos nada!
-Quizá no sea antipática sino tímida…
-¡Habla mucho!
-¿Habla mucho o no habla con nadie?
-¡Es una perseguida! ¡Cree que todos están contra ella! ¡No es igual a los otros, no es normal!
-¿Cómo es “ser normal”?
-¡Normal! ¡Como son todos!
-¿Cómo son todos?
-¡Normales!
-No te entiendo.
-¡No hace lo que hacen todos!.
-¿Y qué hacen todos?
-¡Lo normal!
-¿Cómo qué? ¿No es normal porque “habla poco”?
-¡Y sí!
-¿Y no será que prefiere callar porque no tiene nada que decir?
-¡Siempre hay algo para decir!
-¿Siempre?
-El día, el cielo, la moda, ¡miles de cosas!
-¿Y si a ella no le interesan esas cosas?
-¡No existe alguien a quien no le interesen esas cosas! Bueno, si existe alguien así no es normal.
-¿No dijiste que ella habla mucho?
-¡Claro!
-¿Y cuál es el límite?
-No te entiendo.
-Me refiero, a cuánto y de qué hay que hablar para no ser “loco”, o como vos decís, para ser normal.
-¡Y lo normal! Aparte ¿viste lo que dicen todos?
-No…
-Ella no hace las cosas que se hacen…
-¿Qué cosas son las que “se hacen”?
-¡Las cosas!, los mandados, la comida, yo siempre estoy a mil, ¡no doy abasto!, llevo a Bebe al futbol, a Loli a hockey, y mientras tanto voy; estaciono en doble fila, y compro lo que haga falta. Hoy voy a hacer tarta de alcaparras, porque al Gordo le encanta, y las alcaparras me salen más baratas en la calle Arenal Grande, así que, en diez minutos hago la compra.
-¿Dijiste que estacionás en doble fila?
-¡Son diez minutos!
-¡Pero se arma un lío bárbaro con los bondi que pasan por ahí!
-¡No se van a morir!
-¿Y vos?
-¿Yo qué?
-¿Te vas a morir si estacionás a la vuelta y caminás unos pasos? Después te pesás cuatro veces por día…
-¡Qué tiene que ver!
-No sé…
-Mirá, ¡yo estoy a mil!, mientras espero la hora de salida de Bebe y Loli hago los mandados, y después en el anca de un piojo, los voy a buscar, ¡y los llevo al inglés!
-¿Y?
-Y bueno, mientras están en el inglés, voy un momentito a casa y saco las alcaparras, porque dicen que si las dejás 14 minutos y 20 segundos al aire fresco y luego 3 minutos con un poquitito de nuez moscada, quedan bárbaras, y las probé y al Gordo le encantan. Mirá si ella le va hacer alcaparras a él, que trabaja todo el día, y viene cansado, ¡ella no hace Nada!
-¿En esa casa no comen?
-Comen todos los días lo mismo.
-Pero comen.
-Pero todos los días o pasta, o milanesas con tomate, o panchos con ensalada rusa, omelette de queso.
-¿Y eso no es comida?
-¡Ah! ¡No vas a comparar “eso” con las alcaparras que le hago al Gordo!
-¿Por qué?
-¡Dejá! Yo al Gordo le hago la comida fresca y cada día, ¡no vas a comparar lo que lleva hacer la comida fresca con comprar todo en el súper!
-Mientras en su casa haya algo para comer, no veo la diferencia.
-¡Cómo que no ves la diferencia! ¡Así que viva! ¡Es una papa!
-¿Y qué tiene de malo que sea “una papa”?
-¡Que le importa un rábano el marido, los hijos! ¡Sólo le importa ella! Todo el día con esa tontería de ser escritora…
-¿Tontería?
-¡No vas a comparar estar todo el día escribiendo con estar a mil como estoy yo!
-Pero ella escribe cosas interesantes.
-Mirá, serían cosas interesantes si eso le hiciera ganar algún manguito, pero así no.
-¡Ella trabaja también!
-¡Qué viva! Un trabajo donde está muy cómoda.
-¿Lleva o no lleva divisas a su casa?
-¡Lleva porque todos los funcionarios públicos son flor de vivos, no hacen nada y tienen siempre un sueldón seguro.
-¡No todos son iguales!
-Y todavía después de estar cómodamente “trabajando”, escribe pavadas.
-¿Por qué pavadas?
-¡Ya te dije! ¡Porque no gana un puto peso con eso! Si me dijeras John Gray… bueno, eso es otra cosa.
-¿John Gray no escribe pavadas?
-¡Obvio que no! Se hizo millonario con “Las Mujeres son de Marte y los Hombres son de Venus”. Pero a ella, ¡la mitad de los cuentos son unos divagues, no entiendo nada! Y sino, pierde el tiempo discutiendo y publicando columnas políticas, y después se engancha con eso y ¡claro! Se compenetra tanto que se va volver loca, si ya no lo está.
-Pará. ¿Y vos?
-¿Yo qué?
-Vos tenés una buena vida.
-Sí, bueno, ¡estoy a mil todo el día!
-No me refiero a si estás a mil, me refiero a que acá estás tranquila.
-No entiendo.
-¿No se te da por pensar que un día puede estallar la tercera guerra mundial?
-¡Dejate de estupideces! ¡Si todos nos fuéramos a preocupar por el mundo, nos terminamos suicidando!
-¿Te olvidás de cómo llegaron tus abuelos a este país?
-Sí, llegaron y se pusieron a trabajar, y yo hoy bueno, no trabajo pero cuido a mis hijos,¡estoy todo el día a mil!
-¿Y qué pasó con tus tíos abuelos?
-¡Dejá! Gente que no conocí, sería un masoquismo preocuparme por unos tíos abuelos desconocidos.
-¿No te jode que los hayan matado?
-¡Y bueno, esa época fue la que les tocó vivir!
-¿Y no te importa?
-¡Eso ya pasó!
-¿Y si pasa de vuelta?
-¡Dejá el masoquismo! ¡Esas son pavadas!
-¿Te puedo hacer una pregunta?
-¡Obvio!
-¿Vos mirás el informativo?
-¡Ni loca! ¿Para deprimirme?
-¿Vos sabés que pasa en el mundo?
-¡Ufa! ¡Otra vez con lo mismo! Mirá, me importa un bledo lo que pasa en el mundo, siempre hay una “guerrita”, siempre fue así.
-¿Y no creés que vos podrías hacer algo para cambiar eso?
-¡Claro! ¡Yo voy a venir con naves voladoras, y mil marcianos y voy a conquistar el mundo! Ahora que me acuerdo, en uno de los cuentos había tipos raros que tomaban sustancias y un montón de estupideces, me parece que se olvidó que ya no está para escribir sobre las chicas superpoderosas. Pero te digo, está tan loca, que no dudo de que se cree una chica superpoderosa. Se cree una de ellas. Si se dedicara a las cosas normales, y no a las pavadas, no estaría tan loca. ¡Despertá! La tipa es un ente, ¡le importa un rábano todo! El otro día me quería morir de la vergüenza, le dijo a Sarita que todo lo que hablaba eran pavadas. Sólo una loca puede decir eso en público, tá, te acepto que lo piense, pero ¿cómo la va tratar de estúpida a Sarita? ¡Lo que pasa es que todos son estúpidos! Sólo una loca le dice a otro que es un estúpido. Una persona normal no va diciendo las bestialidades que dice esta tipa.
-Sí, tenés razón, ¡ella no es normal!
-¡Viva viva, descubriste América!
-Bueno, me voy que ya está por llegar El Gordo, y te tengo entretenida.
-¡No es nada! Mientras hablo contigo por teléfono, ya saqué el pollito del horno, puse la mesa, ahora voy en un periquete y busco a Bebe y Loli.
-Te corto, ché, estás a mil.
-Si la verdad es que estoy a mil. Si querés llamala a ella, que seguramente tiene todo el tiempo del mundo, ¡ja ja!

Anna Donner Rybak ©2011
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